Influencia de los conflictos sociales, políticos y climatológicos, en la arquitectura, el urbanismo y la forma de vida

martes, 19 de abril de 2011

BAJO UN PORTAL HABANERO

En la Habana, La Ciudad de las Columnas, hay que reinventar la vida nada más abrir los ojos para hacer cada día diferente con la esperanza de que otra cosa suceda o quizá ya haya sucedido.
La calle es humana, se disfraza de personas, es un ser vivo con sus humores, con sus días buenos y sus días malos.
El urbanismo habanero es manejado por su población, que interpreta el pasado, modela las exigencias del presente y los sueños del futuro.
Las personas y las cosas, los sentimientos y la arquitectura, se funden, se encuentran, se reconocen en cada esquina compartiendo sus propias realidades y sometiéndose a las leyes de la verdad.
Los portales habaneros son espacios para contemplarlos con los ojos del alma, evocando los olores, los sabores y el tacto que llegan a desordenar la totalidad de nuestros sentidos.
A mitad del día, cuando se eleva en lo alto la presencia brillante del sol, la ciudad te empuja a huir del viento o buscar la sombra, a refrescarte en sus portales, donde la conversación pausada y tranquila se mezcla con el bullicio de dentro y de fuera, estamos en “el medio” de la vida, estamos entre lo privado y lo público del alma.; es la dualidad expresada como un ying y un yang que se compenetran para formar un todo.
Lo único se instala en lo múltiple y la singularidad en la pluralidad.
En cualquier momento, La Habana se puede convertir en brisa o vendaval, en aire que refresca o abrasa, envuelta en una abstracción espacial que permanece siempre en movimiento.
El paisaje expone sin complejo su natural abigarramiento derivado de un tremendo horror al vacío. En los edificios, el estilo “sin estilo”, por procesos de simbiosis, se amalgama y se erige en un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo.
Es una arquitectura promiscua, no discrimina.
La columna es la diosa, la guardiana, la encargada de sostener espacios donde ni los crepúsculos ni los amaneceres puedan cegar a los transeúntes. Columnas de medio cuerpo dórico y medio cuerpo corintio, jónicos enanos, cariátides de cemento…. múltiples elementos arquitectónicos que no se pueden entender por sí mimos y muestran su sentido al mezclarlos con el bullicio y la gente, con un espectacular dialogo entre el entorno y las personas que lo van haciendo mientras lo viven
Los arcos parecen juguetones, rompen las formas, buscando otras más libres, para acercarse a la fascinante sensación barroca de infinito que tanto ama la arquitectura colonial cubana
Bajo el portal, con su espíritu de encuentro e intercambio, tenemos la sensación de espacio cerrado, de lugar íntimo, es como un patio grande que crea un clima familiar entre los que allí se encuentran. El soportal fija el lugar del fresco y representa la urbanidad de las relaciones sociales, marcando la verdadera puerta del hogar.
Al atardecer, luces y sombras color pastel se filtra en los soportales; las vidrieras multicolores moldean la fuerza del sol coloreando el espacio de verdes, de azules, de naranjas….
El corazón de la ciudad hormiguea, se agita, miradas que patrullan, miradas que navegan, ojos que se cruzan y sirven su destino. Caras y rostros que se renuevan a cada minuto.
El color, la luz y el sonido te atraen con la súplica del amante que te pide a gritos que la saborees, que la disfrutes con ritmos cercanos de son y salsa.
De fondo, el diálogo impetuoso de saxofones, clarinetes, guitarras y tambores, va inundando los portales, provocando sensaciones en los transeúntes, aplaudiendo unos, bailando con timidez otros. Los músicos han consolidado el espacio donde divulgar sus propuestas y han formado un público selecto que los acompaña, tarde a tarde, noche a noche, en los escenarios ya conquistados.
Tal vez el talento, la agudeza y el empeño los llevaron a experimentar con sonidos, intensidades y colores poco comunes.
Todo suena y cada sonido es único, irrepetible e instantáneo
Para enloquecer y sentir bastan los olores y la música. Si Dios es la música, Él ha vivido aquí mucho tiempo.
Frente a los portales, en la Ronda del Malecón, el muro contiene las crestas de las olas del mar en su intento de abrazar y besar la ciudad de las columnas.
Cae la tarde.
El habanero imagina mundos más allá del horizonte, habla con el mar, en una conversación que transcurre en planos de inteligibilidad recíproca y de íntima complicidad.
Los niños se bañan en pozas de piedra.
Alguien pesca, escribiendo mensajes de humo sobre el agua oscura con pescado; la esperanza es aleteo y el tiempo no tiene fin.
Alguien piensa, imaginándose pirata de siete mares mientra retumban los himnos eternos del corazón rebelde. 
Al anochecer, La Habana se presenta con esa atractiva irreverencia sensual proveniente de un proceso cultural extraordinariamente complicado que lleva a la configuración de un espacio ciertamente mítico.
Mañana empezará un nuevo día para intentar convencer y convencerse………
La Ciudad de las Columnas, tiene la virtud de enriquecer mi experiencia inteligente, despertar mi fantasía, preñarme de imaginación y convertirse en una experiencia íntima, obsesiva, cercana y verdadera.
"Miro hacia atrás
y sólo veo su silueta, su figura serena,
... la magia sobre el sillón de mimbre,
bajo un portal habanero."
Isabel Rendón
Fotograma de Chico y Rita. Fernado Trueba y Javier Mariscal





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